Y hoy miras atrás, y ves todo el camino que tus pies han recorrido. Ese camino lleno de baches, que a veces ha sido muy cansado, y otras veces te ha parecido que volabas. Ese camino que poco a poco vas construyendo, y que nadie puede destrozar. Ese camino que, aunque no queramos, solo queda en la memoria, y en el cual no se puede retroceder. ¿Por desgracia? No. Da las gracias de que no se pueda retroceder. Así se aprende a vivir con tus defectos, y tus errores a tus espaldas. Así se aprende, a base de ostias, heridas y muchas lágrimas, pero también sonrisas. Ese camino, por el que mucha gente pasa, pero no todos se quedan. Ese camino que no todos conocen, ese camino que solo sabe quien tú quieres que sepa. Ese camino tan privado, y tan público a la vez. Ese camino, que cada vez va creciendo, y aunque no te lo parezca, cada vez va teniendo menos piedras, o cada vez más pequeñas. Ese camino lleno de experiencias, de momentos, de risas, de amores, de amistades, de palabras, de llantos, de victorias y derrotas, de gritos y discusiones, de segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años. Ese camino, que solo tú conoces a fondo. Ese camino, del cual no se sabe cuando será el final, pero que siempre es tan temido. Ese camino, que sigue ahí por mucho que se intente cambiar, que no se puede ni cambiar, ni borrar. Durante este camino, puede que tus pies se cansen, y se rindan, eso será cada vez que tú te hundas. Pero durante este camino puedes disfrutar de lo que hay a tu alrededor como nunca nadie lo ha hecho, y esto sucederá cada vez que seas feliz, que te rías, que le muestres al mundo que te importa una mierda lo jodido que sea este camino, que no es ni nada más ni nada menos que tu vida.

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