En un determinado momento de tu vida, te darás cuenta de las veces que te has caído por la más mínima gilipollez, y te has rendido por cualquier estupidez que te hundiera un poco. Te darás cuenta de que hay cosas y personas en tu vida que no merecen la pena luchar por ellas, que tu energía es gastada a lo tonto por intentar alegrar a esas personas o por intentar conseguir eso que ''tanto deseas''. Que eso que tanto deseas en realidad es una tontería y que hay millones de cosas que deseas de verdad y que merecería más la pena luchar por ellas. Puede que te des cuenta también de quién eres en realidad, que si, eres como un granito de arena de una playa de kilómetros y kilómetros, pero te darás cuenta de que cada granito es único de que todos, absolutamente todos tenemos algo que nos hace especial, y que cualquier día, una persona se fijará en eso que a ti, y solamente a ti, te hace especial. Te darás cuenta de quién te ha estado apoyando en todo momento, ayudándote a levantarte cuando un gilipollas ha echo que te cayeras una y otra vez, diciéndote que esa persona no merece la pena por mucho que tú te empeñes en que sí. Te darás cuenta de que no todo se compra con dinero, y que es mejor tener amor que una mansión en Miami. Podrás darte cuenta de que soplar un abuelito y pedir un deseo no sirve de nada, ni soplar una pestaña que se te ha caído. Te darás cuenta de lo difícil que es la vida, y de lo difícil que te resultará muchas veces sonreír, pero que merece la pena, que es lo mejor que puedes hacer en cualquier momento. Que hay momentos que recordarás toda la vida, y que echarás de menos volver a vivirlos. Y querrás retroceder en el tiempo y volver a ese instante, en el que todo te hacía feliz. Y te darás cuenta de que puede que nunca vuelvas a ser tan feliz como antes. Por todo esto, debes disfrutar todos los momentos de tu vida, sin dejarte ninguno atrás y sin dejar de aprovecharlos al máximo, porque eso es la receta de la felicidad.
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