sábado, 30 de abril de 2011

- ¿Alguna vez has tenido esa sensación? Ese cosquilleo que te come por dentro hasta llegar ahi, al corazón, el sitio de donde salen esos sentimientos. Esa sensación que me atrevería a jurar que a todos nos encanta, y que todos, desde los más pequeños a los más mayores sentimos. Y no me refiero a esa sensación de cuando te montas en una montaña rusa y te ves de repente en una cuesta a 200 km por hora, no. Eso no le gusta a todo el mundo. Me refiero a cuando hablas con él, o, simplemente cuando lo ves. Se te acelera el corazón y puede que hasta te pongas roja como un tomate. Sientes un escalofrío por todo el cuerpo, que recorre desde el más pequeño dedo del pie hasta el útimo pelo de tu cabeza. Ese momento en el que no existe nadie, en el que puede que pase un huracán, que tú estás feliz y no te enteras de nada. O cuando de repente estás en el ordenador y ves esa pantallita que dice que se acaba de conectar, y, acto seguido aparece ahí, su nombre en naranja, y lo abres y pone un te quiero en mayúsculas. En ese momento, solo existis tú y él. Al rato empiezas a pensar, y te das cuenta de que no te lo mereces, de que es demasiado perfecto para ti, y te entra un pequeño miedo a perderle. Pero eso se va en cuanto ves que vuelve a ponerse su nombre en naranja y el suelta cualquier gilipollez con tal de hablar de algo, pero contigo.
Esa sensacion tan increiblemente satisfactoria, tan perfecta como él. Esa sensación tan increible que quieres sentir una y otra vez. Si la has sentido, si me entiendes, si sabes de lo que hablo, sabes lo que es el amor, sabes que es de verdad querer a alguien. Y si lees esto y de verdad lo has sentido, dile que le quieres, que te encanta, que es lo mejor de tu vida y que no quieres que se vaya nunca. No pierdes nada. Y ganas mucho. Arriésgate, y gana.

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